Rabietas

* TODAS * las emociones son necesarias y tienen su función.

La rabia, la tristeza y el miedo a veces se etiquetan como emociones «negativas» y son socialmente rechazadas, ya que incomodan (sobre todo a los adultos). Tenemos la tendencia a ocultar o reprimir estas emociones («no llores», «no te enfades por eso», etc.) mientras que lo más saludable es que estas se puedan expresar. Para empezar, hablamos de «rabietas» (palabra con connotaciones despectivas) cuando queremos hablar de expresión de la rabia, una emoción como otra.

Los premios y los castigos suelen ser una de las herramientas más utilizadas para padres y madres para lograr inhibir esta rabia. En estos casos estamos reprimiendo las emociones de nuestros hijos, no estamos permitiendo que conecten con ellos mismos y con lo que están sintiendo.

Sentir rabia es legítimo, así como también lo es sentir miedo o sentir alegría. La rabia tiene la función de defendernos de lo que creemos que es injusto o consideramos un ataque. Hace que estemos atentos y cuidamos de nuestros derechos.

Es muy saludable que nuestros hijos/as expresen esa rabia cuando ellos lo consideren. Y deben saber que sentir rabia no es motivo de rechazo («te ignoro», «te castigo», «no me gusta que hagas eso»).

Esto no significa que siempre que un niño se enfade se saldrá con la suya (tal vez se enfada porque se quiere comer 10 chocolatinas). Una cosa es validar la emoción y acompañarla, y la otra son los límites (sobre todo en relación con la salud y el peligro).

Es necesario que los adultos acompañemos estos momentos de rabia cuando son pequeños para ayudarles a regularles emocionalmente, y así en un futuro, ellos mismos serán los que se podrán autorregular.

En cuanto a las emociones, todos los niños y niñas son diferentes y tienen necesidades diferentes. No hay milagros que sirvan para todos, ni lo que funciona una vez funcionará siempre.

A tu i tu somos conscientes de la importancia de las emociones y de las dificultades en las que nos encontramos hoy en día niños y adultos para gestionarlas. Por lo tanto, _estamos trabajando en un proyecto de emociones para los más pequeños de la casa_. Estad atentos porque en breves os daremos más información!

Pide cita llamando al 973 809 777 o entra a Psicología infantil y juvenil

Pantallas y videojuegos

  • Limitar la exposición ante las pantallas:

Cada vez más expertos afirman que «NO se debería exponer a los niños menores de 2 años ante las pantallas» ya que los niños se encuentran en pleno desarrollo del cerebro. Estar delante de pantallas los convierte en «objetos pasivos», la televisión (o tablet, o móvil…) se encarga de proporcionar todos los estímulos y la mayoría de veces excesivos. Lo saludable es que en estas etapas el niño INTERACTÚE con las personas de su alrededor. Que haya diálogo, estímulos y respuestas, que la relación sea bidireccional y humana (y no unidireccional y tecnológica).

  • Zonas libres de pantallas:

No es necesario tener TVs en las habitaciones ni en las zonas de estudio. Dormirse con la TV es un mal hábito, hay varios estudios que relacionan la luz blanca de las pantallas con una mala calidad del sueño.

  • Momentos libres de pantallas:

Tener la televisión «de fondo» mientras se come distorsiona el ambiente familiar y favorece que el foco de atención sea la televisión y no la conversación. Lo mismo ocurre con los móviles, la mayoría de WhatsApp y llamadas pueden esperar los 30′ que dedicamos a comer o cenar a diario. No podemos pretender que nuestros hijos desconecten de las pantallas y nosotros estar pendientes del móvil las 24 horas del día. Dar ejemplo es importante!

  • Contenido supervisado, de calidad y adequado a su edad:

Es igual que sean «los únicos» de toda la clase que no juegan a un determinado juego violento. Si no les corresponde por edad y contenido, no pueden jugar.

  • Los videojuegos están diseñados para ser adictivos:

Actúan sobre los «circuitos del placer» mediante recompensas. Estas recompensas (en forma de «likes», premios en un juego, monedas virtuales…) favorecen la segregación en el cerebro de una sustancia que se llama dopamina y esta refuerza el circuito del placer. Es difícil despegarse de algo que nos genera sensación de bienestar constante.

Así pues, el uso abusivo de pantallas y videojuegos no es saludable y es necesario regular el tiempo de exposición y la calidad de los contenidos. Será más fácil si les ofrecemos propuestas alternativas atractivas, como por ejemplo jugar a juegos de mesa o salir a la calle.

Pide cita llamando al 973 809 777 o entra a Psicología infantil y juvenil